Mira ese muerto mirándote, atenta traslucida despedida, observándote mientras la observas sin sentir pudor de la vida, quedan los restos de la muerte ida, y la vergüenza que tú sí sientes al posar tus ojos vivos sobre los ciegos no va a disolverse en tu memoria, no importa cual sea el destino de tu huída, cuando llegues ella ya estará allí, esperándote, pausada, rítmica, sensual y oscura, densa como nubarrones de vergüenza enterrados en tu niñez, ajena a justificaciones, sorda a escusas mal pronunciadas, balbuceantes disculpas sin sinceridad en su sustancia, sin creencia en la propia inocencia; y el cuerpo caído sigue inmóvil, yaciente bajo la luz artificial de la lámpara, rodeado del aura blanca del color innatural que emula el dorado del sol, falsificación pobre de la vida, la luz de la muerte, la luz humana, el artífico de la luz, enmarca ese gran resto de movimiento en reposo, peso muerto sobre el éxtasis estático y eterno del suelo informe, oráculo de la descomposición, y tras esa imagen el recuerdo imborrable de la muerte, ajena al sueño y de apariencia similar, rodeada de pared blanca, granulada, aislada de cualquier ruido exterior, un cajón, un cadáver, una cárcel, un lugar de reposo para los restos de uno que cambiaba, y ahora sigue cambiando en negativo, incluso el morir se vuelve dinámico, parejo y espejo al movimiento rotatorio de todas las cosas, de las cosas del afuera de este ataúd gigante, aislado del otro y ahora incorporado al fluir de la composición y la descomposición, imposible la sustracción al ir y venir, al ser y no estar, al dolor y la dicha, desaparecidas del estático hecho, pero deformación progresiva; y él continúa mirándote, registrando en sus pupilas muertas tu sombreada faceta de oscuridad recortada en falsa luz, esa luz grabada a fuego en su pecho descubierto, abierto en boca muda y lengua deforme de líquido existir coagulado en escarlata, coronada del plateado aspecto del metal fundido en ríos minúsculos de rojo resplandeciente, caminos escapados de las entrañas del viajero , que ya nunca va a volver, y siempre se marcha, se marcha en tu recuerdo, y se queda ahí, en la marcha del recuerdo de la despedida.
...ya he visto: Siempre nos quedará mañana
Hace 1 año
