Soy la nariz de Nwannda y ahora lo poseo, domino su voluntad reptante bajo lo profundo de sí mismo. He hecho de su voluntad una posesión ociosa, estiro las riendas del cuerpo sin mente que es ahora Nwannda, me pertenece, y con él domino la percepción del todo: el dolor y el placer, y hay mucho de ambos en un solo cuerpo; la espera y el ansia sirven a mis caprichos blandos y húmedos, no queda rastro de voluntad. Ahora soy yo, somos nosotros, y quiero esconderme en el mismo lugar, siempre, sin pausa ni descanso, todo el tiempo: ese rincón sin vista, porque no es él la imagen que ella ve; sin oído, porque el eco es el recuerdo de su nombre falso susurrado al viento; sin tacto, porque no es a él a quien rozan sus manos temblorosas; y sin gusto, porque el sabor de lo vivo le recuerda a ella demasiado. Absorber el blanco artificial a través de mí, a través de las entrañas escondidas bajo capas de indiferencia circular, a través del ciego movimiento del circuito continuo de venas y arterias. La mezcla del afuera que nos transporta hacia lo traspasado del lenguaje; recuperar el ajeno desconcierto del perdido en la conciencia, del que ya no conoce su paradero, experimentar su horizonte traspasado por infinitas líneas de fuga, a eso se reduce Nwannda: pasajero inerte, viajero tras un muro liso de tiempo y espacio, abismado en el pozo sin fin de sí mismo; y descubierto por mi testimonio, la nariz de Nwannda, interprete de la lengua neonata que lo acuna: un martillo dislocado en calambres acompasados de ritmo eléctrico; y durante el viaje, la caída sin pausa, llamándote a ti porque eres el ente que escucha, que siente y es capaz de llorar. El único apto para devolver piedad desde el afuera extranjero, extraño a nosotros, pues Nwannda ya se olvida de existir para circular, para ser flujo continuo de euforia honesta, sin motivo mentiroso, en integra desesperación, despegando hacia el infinito con fecha de caducidad. Y entonces quedo yo, únicamente yo, la nariz de Nwannda, la percepción que habla desde el impulso eléctrico del placer.
...ya he visto: Siempre nos quedará mañana
Hace 1 año
No hay comentarios:
Publicar un comentario