jueves, 18 de febrero de 2010

Tratado Autista del Existir


No se recuerdan los lugares en los que uno ha estado, sino la impresión que esos lugares dejaron en uno. La percepción de las imágenes, captadas a través de los ojos, y reformuladas en el cerebro, son una forma de biografía intransferible, incomunicable hacia los demás, porque los medios del manifestarse humano: la palabra, el lenguaje, cualquiera que sea, ya fónico (musical, verbal), ya visual (pictórico, residual) no son sino mediadores, y como tales deformadores de la forma deformada; una reproducción en segundo grado de la representación siempre subjetiva, inenarrable en su dimensión honesta, de un mundo inestable y póstumo. Entonces cómo resolver el principio de honestidad, no ya para con los demás sino hacia uno mismo; el ser/estar consagrado al movimiento de la forma finita carece de sujeción gnóstica, asido a la intemperie de lo diáfano hasta la desaparición, recae en la falacia sensacional: porque lo importante, en el fondo, y en la superficie, y en lo liminal, carece de fijación sincera, la representación no exige la honestidad, solo sustancia férrea, rocosa, capaz de soportar el peso dormido de un mundo único elevado al infinito.

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