No se recuerdan los lugares en los que uno ha estado, sino la impresión que esos lugares dejaron en uno. La percepción de las imágenes, captadas a través de los ojos, y reformuladas en el cerebro, son una forma de biografía intransferible, incomunicable hacia los demás, porque los medios del manifestarse humano: la palabra, el lenguaje, cualquiera que sea, ya fónico (musical, verbal), ya visual (pictórico, residual) no son sino mediadores, y como tales deformadores de la forma deformada; una reproducción en segundo grado de la representación siempre subjetiva, inenarrable en su dimensión honesta, de un mundo inestable y póstumo. Entonces cómo resolver el principio de honestidad, no ya para con los demás sino hacia uno mismo; el ser/estar consagrado al movimiento de la forma finita carece de sujeción gnóstica, asido a la intemperie de lo diáfano hasta la desaparición, recae en la falacia sensacional: porque lo importante, en el fondo, y en la superficie, y en lo liminal, carece de fijación sincera, la representación no exige la honestidad, solo sustancia férrea, rocosa, capaz de soportar el peso dormido de un mundo único elevado al infinito.
...ya he visto: Siempre nos quedará mañana
Hace 1 año
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