viernes, 21 de mayo de 2010

El Mago del Lenguaje


Habla conmigo, haz ese gesto colectivo solo para mí, intangible pleno de sustancia significativa, pero móvil y quebradiza, arrastrada entre selvas de significados, conciencias, microambientes estructurados entre danzantes escurridizos y rítmicos, ajenos los unos a los otros solo en apariencia, en disfraz invisible que cuando se descubre, se delata en material, percepción, se visibiliza entonces, muestra la riqueza de un mundo subterráneo, pero lleno de vida, de fusión y transformación, metáfora y metonimia entre contigüidades, continuidades, restos y reedificaciones, caos estructurado, orden invertida y reinvertida hasta el infinito entre juegos y peleas, lo mismo son, conquistas autistas y fugaces, llenas de pleno Dios, reducidas a la epifanía de un momento divino, repetido en la inmensidad del tiempo, eterno e inmediato, inamovible y dinámico, el estatuto del Mago entrecruzado, del espejo de dos caras sin canto al que poder asirse, y la magia fluyendo entre entes, lentes de sujeción mentirosa, y el ir y venir del mar del lenguaje en nuestras playas barridas por el viento de los años, y la arena sigue ahí, esperando en paciente ir y venir, y el Mago sigue ausente, tapado entre muros falsos, paredes maestras reducidas al grosor de la piel, mentira e ir y venir y el Mago observando, mi silla mis reglas, la mesa una ilusión, y apoyada la cabeza un sueño imprevisto, el sol y la luna cubriendo la superficie tornasolada de la tierra baldía, la casucha a lo lejos, remontando el horizonte seguro y perdido, y caminar sobre piedras duras y seguras, frescor en la cara, el suspiro del viento acariciando tu cara sin edad, el calor, el color se arremolina en tus mejillas, y entonces el eclipse lo inunda todo, lo ahoga y lo sumerge y desaparece y vuelve, renace, rehace, y estás en una isla rodeada de otras islas, y los gritos de los náufragos llegan hasta tus oídos, y crees comprender, crees poder responder, crees y crees y no paras de creer, crees que ellos son náufragos, y tú una más, y que ellos no son presos, ni tú una más, pero te equivocas, y los días se despiden, las noches rechazan quedarse, y tú eres lo único fijo, atado, los otros desaparecen, sus islas viajan con la corriente, y tú sigues en el mismo punto, enterrada bajo el sol y la luna, sobre hierba quebradiza a la que has puesto nombre, y los arboles te hablan, y te llaman, conocen tu nombre, no el de antes del naufragio sino el de ahora, el que te susurra el aire al abrazarte, y estrecharte, y compartir su piel contra tu piel, y ya no te sientes tan sola, acompañada en el sueño, despierta sobre la mesa, y las sillas vacías a tu alrededor, sin nombre, sin sombra, sin nadie y el Mago mirándote sin cara, dos puntos fijos, pozos de colores innombrables, ¿pueden existir esos colores? Hay vida en esas estrellas por iris, y sientes la atracción, el abismo te llama, nombre y cosa te transportan, te dejas caer en horizontal, el Mago está cerca, cerca, cada vez más cerca, y su cara se forma en tu mente, perspectiva y simetría abandonan el óvalo sonrosado y adquieren matiz, carácter, imperfección humana, y la cara no huye de ti, se fija, bebe recuerdos estirados y flexibles, irrompibles, y la cara te sonríe, sigue enfrente de ti, el espejo enfrente de ti, la cara enfrente de ti, tu cara, tu sonrisa, recuperada, prisión rota de la que surge un nombre olvidado, pero ya no olvidado, tu nombre, tu nombre vuelve y se transforma, te conjura, te pare, ya eres tú. El Mago.

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