El cuerpo ausenta el alma, presencia del reflejo apocada en el recuerdo. Seguir mirando a pesar de la incomprensión, cómo ejercer dominio sobre uno mismo, dictar pasos y palabras, compromisos huecos y filiaciones aparentes, superficiales, caducadas al instante siguiente de nacer. Memorizo la forma vaga dibujada sobre tu cuerpo, ahora recuerdo esa figura grabada en ausencia de ti. La fragilidad impostada en tus extremidades silenciosas, ausentes en sueño, jugando a la inmovilidad, suplantando la vida dormida. Tus caricias suspendidas en el tiempo, ajenas al espacio, sustrato de la piel, ilusión de permanencia más vívida que cualquier emoción. Descanso sobre la cama, y tú regresas en ese vehículo pirata de mil velas multicolor, tú, velo húmedo y caliente, escondida a los ojos ajenos, ojos que no importan, que no existen ya más, solo existe el errar constante a través de poros invisibles, futuro y pasado ligado por el recuerdo de tu aliento sobre mis párpados cerrados. Eres la sonrisa que se abre, secreta y tabú, resquicio en movimiento fugaz apenas apuntado en suspiros de coral, palabras fantasma, canto susurrado que habita en mi cabeza. Noche tras noche persisto en el silencio en que se ha convertido tu voz perseguidora, constante edén torturador, que perdura porque así lo imploro yo. El lenguaje esculpido sobre tu espalda desnuda es el girar infinito de tu nombre. Y lo veo ahora, y lo leo siempre.
...ya he visto: Siempre nos quedará mañana
Hace 1 año

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