domingo, 18 de octubre de 2009

Apunte de un aprendiz de hechicero


12 de mayo

Estoy mareado. No me quito de la cabeza la lluvia de estrellas de hace unos días. 

¿Para quién escribo esto? Anoto las palabras formando oraciones con sentido que sin embargo ya están en mí, en mi cabeza, pero al escribir se reformulan, cambian un poco de significado, y a la vez, al releerlas, me cambian a mí de alguna forma sin quererlo. ¿Es por eso que escribo? ¡Para cambiar y no quedar fijo esparzo inmovilidad alrededor! Fijar las palabras, matar la letra, y así seguir yo fijado al movimiento de la vida; seguir viviendo a cambio de la mortalidad de un instante, un momento del pasado convertido en eterno cadáver, incorruptible por la letra. ¡Pero el texto no está enteramente muerto! Es el testigo, el espectro necesitado de otro para volverse cantarín descubridor de vida, vampiro de presente, pasado fijado en la inmediatez del decir. Descubridor y al mismo tiempo ladrón de vida de otro lector: él, el lector, queda fijo en cada palabra mía aletargada, mientras el cazador, camuflado en el interior de un bosque blanco, espera el momento justo para saltar sobre su víctima: el devorador del lenguaje es engullido por él sin darse cuenta. ¿Escribir es una trampa de eterna paciencia? Y si es así: ¿para quién va destinada esta charada? ¿Para mí que escribo? Ya no puedo separarme de ella, mi vida depende de ella, ella me eleva y me deja caer entre cuerdas irrompibles de marioneta ¿O para el que lee? Él no es sino un trozo de carne indefenso ¿A quién obedece la magia escondida en cada palabra de movilidad inasible? ¿Participo del hechizo en reposo de la página escrita? No, me doy cuenta: soy una más, otra presa ignorante, ajena al organismo en reposo, al depredador suspendido en el tiempo, el chupador ausente al espacio físico, araña en hibernación impostada, atenta a los portales irisados, al maná incauto listo para ser raptado y licuado. Yo no soy un vampiro, soy parte de su rebaño.

1 comentario:

Antonia Reyes dijo...

Miguel Ángel, un blog genial!!
Apunto lo que le digo siempre a Marc: escribe, escribe, escribe